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Gobierno Abierto en Argentina: El desafío de superar la retórica

Gobierno Abierto en Argentina: El desafío de superar la retórica

La adopción del modelo de Gobierno Abierto (GA) ha sido promovida globalmente, prometiendo una renovación institucional fundamentada en la transparencia, la participación ciudadana y la rendición de cuentas. Pese a la activa incorporación de estas políticas en países como Argentina, la realidad de su implementación ha revelado una brecha notable entre la promesa teórica y su impacto práctico, evidenciando limitaciones significativas en la mejora institucional, el acceso efectivo a la información y la calidad de la participación.

Ilusión de transparencia

Una de las manifestaciones más visibles del Gobierno Abierto es la proliferación de portales de datos abiertos. Esta tendencia ha generado una aparente abundancia de información pública. Sin embargo, esta masiva publicación no se ha traducido necesariamente en una transparencia efectiva.

La realidad es que la calidad, utilidad y accesibilidad de estos datos continúan siendo problemáticas. Gran parte de los conjuntos de datos se publican en formatos que son poco interoperables, sin una actualización periódica o la contextualización adecuada. Esto convierte el ejercicio de la transparencia, entendido como la mera publicación masiva, en un ejercicio simbólico que no garantiza ni la comprensión ni el uso efectivo de la información por parte de la ciudadanía, los investigadores o las organizaciones. En Argentina, al igual que en el resto de América Latina, la baja calidad de los datos y la fragmentación interna limitan la posibilidad de que la información publicada se convierta en una pieza efectiva en la labor de vigilancia y control social.

Poco impacto en la mejora de la gestión

A pesar de la adopción de tecnologías y declaraciones políticas de apertura, el impacto de las iniciativas de Gobierno Abierto en los resultados de la gestión gubernamental se mantiene limitado.

Una de las causas más graves es la escasa capacidad de los gobiernos para capitalizar los avances tecnológicos exponenciales, como la inteligencia artificial. La debilidad institucional democrática, la falta de capacidades y la escasa profesionalización del empleo público son grandes obstáculos que impiden que las políticas públicas logren sus objetivos y alcancen a los sectores más necesitados.

La cultura organizacional tradicional del sector público, a menudo caracterizada por estructuras jerárquicas rígidas y excesiva división interna, dificulta la colaboración y la apertura necesarias para un GA efectivo. La ausencia de métricas estandarizadas y de sistemas ideados para la evaluación (rendición de cuentas) también socava el servicio público, limitando la mejora continua de la gestión estatal y la capacidad de control social. La falta de coherencia y la debilidad institucional hacen que la transparencia se perciba más como una aspiración que como un logro concreto.

Participación sin influencia. Consultas simbólicas

El pilar de la participación ciudadana dentro del modelo de Gobierno Abierto también exhibe profundas debilidades, que se traducen en la ausencia de mejoras sustanciales en el involucramiento cívico real.

Las plataformas digitales diseñadas para la participación se limitan frecuentemente a ser espacios de consulta o encuestas, sin una incidencia real en la toma de decisiones. Quienes participan perciben que sus aportes no son valorados ni considerados en la gestión pública. Esta desconexión, sumada a la falta de integración y coherencia entre el discurso y la acción gubernamental, hace evidente que la tecnología por sí sola no garantiza una participación sustantiva.

La participación efectiva solo es posible si existe una cultura política y ética que propicie la movilización del conocimiento colectivo entre el Estado y la sociedad civil. Sin esta base cultural y sin la integración de modelos que prioricen el servicio al ciudadano, las políticas de Gobierno Abierto seguirán operando bajo una lógica de desconexión institucional, lo que restringe la innovación y la adopción de modelos integrados.

En resumen, mientras que la retórica del Gobierno Abierto ha florecido en el contexto argentino, la falta de infraestructura institucional, la baja calidad de los datos y la participación meramente consultiva (en el mejor de los casos) han impedido hasta ahora que estas herramientas se traduzcan en mejoras concretas en la eficiencia, la transparencia y la calidad de los servicios públicos.

Superar esta brecha requiere de una profunda transformación institucional y cultural. Es clave que quienes tienen la responsabilidad de gobernar se pregunten y nos contesten: ¿por qué se limita el acceso y el uso de datos?, ¿qué temor existe para fortalecer la participación ciudadana digital?, ¿qué dificulta la obligación republicana de los gobiernos a rendir cuentas a sus gobernados?

Fuente: Ecosistemas Digitales: La Revolución Silenciosa del Estado Abierto. Revista Reforma y Democracia, Red de Gobierno Abierto Internacional. Septiembre-diciembre 2025

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