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Debilidades del accionar del tercer sector

Debilidades del accionar del tercer sector

Por: Domingo R. Godoy

Todo emprendimiento: político, social o económico, tiene pros y contras. El grado de sus intensidades se traducen en efectos comunitarios positivos o negativos. Presentaremos los “pro” clásicos y severos “contras” de cada uno.

Si tratamos sobre lo político, vemos que el entendimiento universal de la eficacia del sistema, se centra en la representación democrática, sostenida en las elecciones que a su vez son -partidos políticos mediante- la expresión de la voluntad popular. Hay una fagocitación de lo político por lo partidario. La operación electoral periódica -cada dos, cuatro o seis años- responde a movilizaciones, sobre todo de los medios de comunicación y de los candidatos, interesados en las propias reelecciones o en sus búsquedas de nuevos “arribos” a la masa de representantes. La decisión mayoritaria, respaldada en lo partidocrático, expone, expresa y define el destino futuro de un lugar y de su población. La careta de la representación popular, varias veces encubre la eternización de gobiernos autocráticos.

A nuestra manera de ver -siguiendo lo dicho en nuestra introducción- este formato tendría ese elemento como aparente “fortaleza”, pero la contra es que se limita la representatividad a lo político. Lo social, por ejemplo, o lo económico no son parte de ese proceso. Es más , los elegidos terminan siendo la “voz” de lo social y de lo económico, cuando no son parte de los mismos…o no saben de lo que hablan.

En esa línea (y paradójicamente podríamos decir), tal desconocimiento e incapacidad no afectan los fundamentos del sistema…El “régimen” absorbe eso basales errores o falencias y las encubre o disfraza en la jungla de lo electivo, en nombre de la estabilidad institucional y de la preservación de la vida democrática. Así las cosas, un método incompleto sobrevive con sus fragmentarias soluciones.

El rico mundo de lo socioeconómico queda excluido del “proceso” representativo, destinando sus efectos y consecuencias a una especie de “segundo nivel” o rango menor que transitamos muchos. Ese andarivel de nuestro Tercer Sector, esta signado por la minusvaloración social; desconocimiento popular de las bondades de su influencia en el progreso económico integral; dificultad de reconocimiento representativo institucional; de carencia de canales formales de expresión y de falta de crédito, entre otros aspectos. En otras palabras, el representante -legítimamente electo- de una entidad del sector cooperativo, por ejemplo, que es multiplicador y redistribuidor armónico de beneficios económico-sociales, es de menor ”valor socio-político” que un representante de cualquier cámara.

En el ámbito económico pasa algo semejante. Lo económico -en un camino escudado por las búsquedas de mayor producción; incremento de las utilidades, eficiencia e incentivo de mejorar la utilidad marginal- muchas veces está solapando acciones focalizadas en el más puro materialismo e individualismo; el desconocimiento de lo solidario (cuando no el menosprecio); la exaltación de la ambición y la avaricia. El reino de las sociedades de capital. Vemos que el lucro -como reemplazo de la legítima búsqueda de satisfacción de las necesidades reales- es un peligroso motor de la actividad económica. Lejos de la reciprocidad de los cambios; del justo precio y de la subsidiaridad estatal que es anticuerpo de la plutocracia. Tal es así, que los indicadores internacionales y las acciones publicitadas, confirman esa perniciosa actitud y el globalmente nefasto resultado sobre lo humano.

El hedonismo; el confort; el egoísmo; la codicia -apoderadas del sentimiento del endeble espíritu humano- logran imponerse, con los ojos; con el tacto; con el tener superando al ser; con la frivolidad, obteniendo así diferencias económicas escandalosas, obscenas, como decía San Juan Pablo II.
En estos espacios (político y económico), vemos que los efectos negativos de su deformada vigencia, se atempera con argumentos muy accesibles a la debilidad humana. El establishment autogenera sus propios adeptos, fans y defensores. Los errores políticos y económicos son perdonados.

La economía social

Al igual que los temas anteriores -económico y político- lo económico social tiene numerosas fortalezas. Se cimenta en las personas y las posibilidades asociativas constitutivas responden a una amplia gama institucional. La fortaleza está en la búsqueda de satisfacer necesidades reales; en la extensa participación; en el tratamiento en paridad de sus miembros con representación democrática; en la solidaridad en acto; en la apoliticidad y en la ausencia del espíritu de lucro. El afincamiento y la cercanía a las comunidades menores permite una vivencia en contacto con los intereses concretos, de ahí su conveniente relación con todo el extenso y rico mundo de “lo municipal”.

Estos baluartes permiten un desarrollo armónico en lo económico social, evitando la dialéctica y permitiendo una permeabilidad social sobresaliente en donde se aplique. El abanico de alternativas integrativas pasa por la capacidad imaginativa de los promotores, acompañado por accesibles figuras jurídicas como las de asociaciones civiles; de mutuales y cooperativas; ONG; inclusive fundaciones; etc.… El crecimiento patrimonial de los asociados no le es ajeno, al igual que los avances tecnológicos. Este equilibrio está sustentado en los individuos; en su dignidad; su libertad; su propiedad; su solidaridad. Hasta ahí, los “pro”.

Debilidades a considerar

Pero, como los otros entornos -el ambiente “solidario”- tiene debilidades.
Sin orden de jerarquía vemos que los raquitismos se nutren del desconocimiento de los terceros; sino de la envidia hacia nuestras instituciones. Ese “ninguneo” que explicamos antes, promueve un desprestigio de las entidades del Tercer Sector. Ese sector es para algunos un sello de pobreza; una imagen que asegura permanecer inexorablemente en la misma y por lo tanto ser miembro de una clase inferior. Muchas veces ese mismo retrato es promovido por las mismas partes del sector, pretendiendo así ventajas derivadas de explotar imágenes de carenciados.

Otra es la falta de transparencia dirigencial en el tratamiento interno de temas societarios. Han proliferado en los últimos tiempos los desprestigios institucionales acompañados de la venalidad de sus dirigentes. Se empezó a simplificar la figura de corrupción identificándola con entidades de personas y sus personeros. A eso se le suman, los preconceptos sociales de los que no escapan los miembros de los distintos poderes estatales, incluyendo el Judicial. Jueces prevenidos de los “ardides” que podrían desarrollar las entidades sociales, consienten en juzgar y condenar con antelación a muchos dirigentes y entidades.

La relación de las entidades intermedias o de la Economía Social con el poder político debe tener una acción distinta a las de la economía común. La subsidiaridad regla su accionar, vale decir que estas entidades hacen lo que muchas veces quiere hacer el Estado -en sus distintos niveles o jurisdicciones- pero no es conveniente, eficaz o eficiente que lo haga. Así, la proximidad con el poder político es posible y éste debe entender a estas entidades como complementarias en el camino del bien común. No deben ser usadas partidariamente. Sí deben operar como dijimos, subsidiariamente.

Al ser una sociedad de personas, esa misma humanidad es la debilidad en su accionar. La falta de participación; la deformación institucional de estos entes, pretendiendo el lucro, en forma encubierta; la búsqueda de sobresalir personalmente (social o políticamente) a nivel dirigencial; la intención o acción de transformarse en dirigente referente irreemplazable; la eternización en el poder; el olvido de los representantes en cuanto a la propiedad e intereses de los que representan. Todo eso conspira con la credibilidad de las personas, de los dirigentes…y debilita el sistema.

Si sumamos las acciones inconsultas del cuerpo gerencial -descoordinadas del órgano rector- el coctel destructor e inevitable. El gerenciamiento como órgano de poder – con personajes estables ante variaciones de los representantes cooperativos, mutuales o de otras entidades- es una faceta a considerar como riesgo.

La mala prensa. Hay prensa que, sin ningún sustento serio -insatisfecha con las entidades de capital por resentimiento y por otro lado con incapacidad de aceptar la participación solidaria- denosta contra el sector de la economía solidaria. Se suma a esto la falta de recursos para permanecer en las redes, por ejemplo. Agregamos que, empresarialmente, el medio de prensa en general se nutre de la mala noticia. Los logros personales o institucionales; la solidaridad; el crecimiento armónico; la participación; la alegría de los crecimientos familiares; entitativos, sociales -propios del sector- no son noticia. Es aburrida la paz social. La sangre si es “motivante”, vendedora… Y donde no hay o se busca que lo haya. Inventar lo malo es fácil.

Sobre todo, el negativo preconcepto social que muchas veces se valida -como anticipamos- por la corruptela dirigencial, acompañado de la difusión de hechos (reales o ficticios) dañinos, perjudica además de las personas, al sector. Eso se está sufriendo en la actualidad. El mensaje liberal clásico refractario a la justicia social, muchas veces es alimentado por los errores internos. Deseados o no deseados.

Ellos no perdonan y pocos se movilizan en defensa sectorial. Le es difícil hasta a los mismos organismos oficiales. No tienen paños atemperadores como los que nombramos para los casos de la política o para la economía de capital. Lamentablemente caen justos por pecadores. Señeras y pujantes instituciones regionales que aglutinan numerosas personas, familias e intereses, sucumben, por el desprestigio personal muchas veces inducido por terceros o sus beneficios. El naufragio no discrimina, porque la verdad esta escondida, desdibujada entre el desastre…Los buenos dirigentes -otrora hacedores y pioneros- ensuciados, se desmoralizan y pasan tiempos de sus vidas tratando de evitar sanciones o penas, resignando hasta el honor.

Pero el que pierde es el futuro: los jóvenes y niños de hoy y las sociedades que no podrán disfrutar de las bondades de una sana economía como la social y solidaria.

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