Las Cartas Orgánicas vuelven al centro del debate municipal argentino
Las Cartas Orgánicas vuelven al centro del debate municipal argentino
Mientras distintas ciudades avanzan en reformas institucionales, comienza a consolidarse una nueva agenda del municipalismo argentino: la discusión ya no pasa únicamente por reclamar autonomía, sino por definir qué tipo de gobierno local tendrá cada comunidad durante las próximas décadas.
Durante muchos años las Cartas Orgánicas Municipales parecían un tema reservado para constitucionalistas, convencionales constituyentes o especialistas en derecho público. Para la mayoría de los ciudadanos constituían un documento desconocido, y para buena parte de la dirigencia política una cuestión secundaria frente a los problemas cotidianos de gestión.
Sin embargo, algo está cambiando.
En distintos puntos del país comienzan a aparecer procesos institucionales que, aunque ocurren en ciudades diferentes y responden a contextos locales diversos, muestran un mismo fenómeno de fondo: los municipios argentinos están comenzando a discutir nuevamente su organización política.
No se trata de una casualidad. Tampoco de hechos aislados. Se trata de una tendencia que probablemente marque la agenda municipal de la próxima década.
Durante más de treinta años el debate municipal argentino estuvo dominado por una consigna: la autonomía. Desde la reforma constitucional de 1994, el artículo 123 de la Constitución Nacional reconoció la autonomía municipal e impuso a las provincias el deber de asegurarla en sus constituciones. A partir de entonces la discusión giró, principalmente, alrededor de una pregunta:
¿Los municipios son realmente autónomos?
En muchas provincias esa discusión continúa abierta. Pero allí donde la autonomía comienza a hacerse efectiva aparece una segunda pregunta, mucho más compleja: ¿Cómo debe organizarse un municipio autónomo?
Ésa es la discusión que hoy empieza a instalarse. Ya no alcanza con reclamar autonomía. Ahora hay que decidir cómo ejercerla. Y allí adquiere centralidad la Carta Orgánica Municipal.
Con frecuencia se presenta a la Carta Orgánica como la «constitución del municipio». La comparación ayuda a comprender su importancia, aunque resulta insuficiente. Una Carta Orgánica no solamente distribuye competencias entre el intendente y el Concejo Deliberante. Tampoco se limita a establecer procedimientos administrativos. En realidad responde preguntas mucho más profundas.
– ¿Cómo se gobierna una ciudad?
– ¿Cómo participan los vecinos?
– ¿Qué derechos deben protegerse especialmente?
– ¿Qué organismos de control existirán?
– ¿Qué mecanismos de democracia directa podrán utilizar los ciudadanos?
– ¿Cómo se organiza la administración?
– ¿Qué relación tendrá el municipio con las organizaciones sociales, las universidades, las empresas y las comunidades intermedias?
En otras palabras, la Carta Orgánica define el modelo institucional con el que una ciudad pretende gobernarse durante varias décadas. Por eso las decisiones que allí se adopten difícilmente puedan considerarse cuestiones técnicas. Son decisiones profundamente políticas, aunque no necesariamente partidarias.
Un patrón que comienza a repetirse
Los procesos abiertos durante las últimas semanas permiten advertir un fenómeno interesante. En Santa Fe, el debate comenzó con una etapa previa poco frecuente: antes de redactar una Carta Orgánica, el Concejo Municipal decidió estudiar experiencias desarrolladas en otras ciudades argentinas. El objetivo no consiste simplemente en copiar modelos exitosos, sino en comprender qué decisiones institucionales produjeron mejores resultados y cuáles conviene evitar. (Mirador Provincial)
Pocos días después, otro municipio avanzó en una etapa distinta del mismo proceso: la convocatoria a elecciones para elegir convencionales encargados de reformar la Carta Orgánica, incorporando la discusión institucional al centro de la agenda pública. (Concejo Municipal de Bariloche)
Finalmente, en Santa Fe el debate comenzó a desplazarse desde la organización del poder hacia el contenido de la futura Carta, incorporando discusiones sobre nuevos derechos, participación ciudadana y diseño institucional. (Autonomía SF)
Los protagonistas cambian. Las ciudades son diferentes. Pero la secuencia resulta llamativamente similar. Primero aparece la autonomía. Luego surge la necesidad de redactar una Carta Orgánica. Finalmente comienza la discusión sobre qué ciudad se quiere construir.
La gran oportunidad… y también el gran riesgo
Toda reforma institucional abre una oportunidad. Pero también crea riesgos. La experiencia argentina muestra que muchas reformas constitucionales o legales terminaron transformándose en escenarios donde predominó la discusión coyuntural antes que la reflexión institucional. Las Cartas Orgánicas corren el mismo peligro.
Existe la tentación de convertirlas en un catálogo de demandas sectoriales, declaraciones simbólicas o respuestas a conflictos políticos del momento. Sin embargo, una Carta Orgánica debería aspirar a algo mucho más perdurable.
Su horizonte no es la próxima elección. Su horizonte son las próximas generaciones.
Cuando una ciudad redacta su Carta Orgánica está decidiendo cómo funcionarán sus instituciones durante veinte, treinta o cincuenta años. Por esa razón las mejores Cartas Orgánicas suelen caracterizarse por su estabilidad y por evitar responder exclusivamente a las urgencias del presente.
¿Qué municipio queremos?
Quizá ésta sea la verdadera pregunta que empieza a recorrer silenciosamente al país. No solamente qué competencias tendrán los municipios. Sino qué tipo de gobiernos locales queremos construir. Durante décadas muchas ciudades fueron organizándose mediante leyes provinciales relativamente uniformes.
La autonomía modifica ese paradigma. Cada comunidad adquiere mayor capacidad para definir su propia organización institucional. Pero esa libertad exige una responsabilidad equivalente. Porque la autonomía no consiste simplemente en recibir nuevas competencias. Consiste en ejercerlas con inteligencia institucional.
Un debate que excede a cada ciudad
Desde esta perspectiva, lo que hoy ocurre en distintas ciudades argentinas no debería interesar únicamente a sus habitantes. Cada nuevo proceso de reforma aporta experiencias que probablemente influyan sobre futuros debates en otras provincias. Las decisiones adoptadas respecto de mecanismos de participación ciudadana, control institucional, descentralización administrativa, derechos locales o diseño del gobierno municipal terminarán convirtiéndose, inevitablemente, en antecedentes para quienes deban redactar nuevas Cartas Orgánicas.
En ese sentido, el municipalismo argentino parece ingresar en una etapa diferente. Durante muchos años la pregunta fue cómo alcanzar la autonomía. Hoy comienza a emerger otra mucho más exigente:
¿Qué instituciones necesitan nuestras ciudades para gobernarse mejor durante el próximo medio siglo? Responder adecuadamente esa pregunta probablemente constituya uno de los desafíos más importantes del gobierno local argentino en los próximos años.
