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Fortalecimiento institucional para los municipios del siglo XXI

Fortalecimiento institucional para los municipios del siglo XXI

Por Norma Viviana Bernardi*

En los últimos años he tenido la oportunidad de analizar numerosos conflictos vinculados con la gestión municipal. Algunos tenían origen en cuestiones administrativas; otros involucraban procedimientos, relaciones entre órganos de gobierno, organización interna o ejercicio de competencias. A primera vista, cada situación parecía responder a una causa diferente. Sin embargo, con el tiempo comencé a advertir que detrás de muchos de esos conflictos existía un mismo denominador común.

El problema no era únicamente una decisión equivocada, un procedimiento mal aplicado o la conducta de una determinada persona. El problema era más profundo: la institución había comenzado a alejarse de la estructura que el propio orden jurídico había diseñado para ella.

Esa constatación me llevó a formular una pregunta que, a mi entender, todavía ocupa un lugar secundario dentro del Derecho Público Municipal: ¿qué ocurre cuando el municipio real deja de parecerse al municipio que las normas imaginan?

Tradicionalmente hemos estudiado al municipio desde la autonomía, las competencias, la organización política, la hacienda, los servicios públicos y el régimen institucional. Y ese desarrollo ha sido fundamental. Autores como Néstor Osvaldo Losa, en “Derecho Público Municipal. Región. Provincia. Jurisdicción”, nos recuerdan que el municipio constituye una institución esencial del sistema democrático y que su organización debe sustentarse en principios claros de competencia, legalidad y responsabilidad.

Del mismo modo, María Gabriela Ábalos, particularmente en “El régimen municipal argentino después de la reforma constitucional de 1994” y en sus investigaciones sobre autonomía municipal y federalismo, demuestra que el reconocimiento constitucional de la autonomía municipal no constituye un punto de llegada, sino el punto de partida para construir gobiernos locales capaces de ejercer eficazmente esas competencias.

Coincido plenamente con esa mirada. Sin embargo, creo que hoy enfrentamos un desafío adicional.
Las normas continúan siendo indispensables, pero ya no alcanzan por sí solas para explicar por qué algunos municipios logran consolidar instituciones sólidas mientras otros repiten, una y otra vez, conflictos muy similares. Vivimos una época diferente.

Los municipios administran cada vez más información, gestionan procesos digitales, interactúan con una ciudadanía más informada y exigente, responden en tiempo real a través de redes sociales y toman decisiones bajo un permanente escrutinio público. La complejidad institucional ha aumentado considerablemente.

Paradójicamente, muchos de los problemas siguen siendo los mismos: Funciones ejercidas por personas que nunca fueron formalmente asignadas. Controles que sólo detectan las irregularidades cuando el daño ya ocurrió. Competencias que se superponen. Procedimientos que cambian según las personas involucradas. Excepciones que terminan convirtiéndose en reglas de funcionamiento.

Cada uno de estos hechos suele analizarse como un episodio aislado.

Yo creo que no lo son.

Son manifestaciones de un mismo fenómeno: la aparición de fallas estructurales dentro de la organización municipal.

Llamo fallas estructurales a aquellos desajustes persistentes que afectan la forma en que una institución organiza sus responsabilidades, distribuye competencias, ejerce el control, toma decisiones y ejecuta sus procedimientos. No se trata simplemente de errores administrativos. Son alteraciones del funcionamiento institucional que, con el tiempo, debilitan la capacidad del municipio para cumplir adecuadamente sus fines.

Esta mirada también modifica la forma en que interpretamos los conflictos.

Durante mucho tiempo nos preguntamos quién era responsable. La pregunta sigue siendo necesaria. Pero hoy debemos incorporar otra, quizá más importante: ¿Qué parte del sistema permitió que esto ocurriera?

Porque cuando una organización produce reiteradamente conflictos similares, probablemente el problema ya no resida exclusivamente en las personas. Sino que se aloja en la estructura de la organización.

Esto no significa relativizar las responsabilidades individuales ni sustituir los mecanismos de control. Significa comprender que las instituciones también necesitan ser observadas, evaluadas y fortalecidas.

En este punto, el Derecho Público Municipal tiene una oportunidad extraordinaria.

Así como en su momento fue necesario consolidar jurídicamente la autonomía municipal, hoy resulta imprescindible avanzar hacia una cultura de fortalecimiento institucional. No basta con diseñar estructuras normativas correctas; debemos preguntarnos si esas estructuras funcionan efectivamente en la práctica.

El desafío de los próximos años no será solamente producir mejores normas.
Será construir municipios capaces de aprender de sus propios conflictos, detectar tempranamente sus debilidades y transformar cada crisis en una oportunidad para mejorar su organización.

Creo profundamente que allí reside una de las tareas más importantes del municipalismo contemporáneo.

Porque fortalecer un municipio no consiste únicamente en administrar mejor.

Consiste, sobre todo, en construir instituciones que puedan sostener en el tiempo los principios de legalidad, transparencia, responsabilidad y servicio a la comunidad que inspiraron su creación.
Quizás haya llegado el momento de incorporar una nueva forma de mirar a nuestros gobiernos locales. Una mirada que no se limite a preguntarse qué ocurrió, sino que se anime a comprender por qué ocurrió.

En este escenario, la capacitación de quienes tienen la responsabilidad de conducir los municipios deja de ser una opción para convertirse en una verdadera política de fortalecimiento institucional. Intendentes, concejales, secretarios y equipos técnicos necesitan desarrollar no sólo conocimientos jurídicos y administrativos, sino también la capacidad de comprender cómo funcionan las organizaciones públicas, identificar las fallas estructurales que debilitan la gestión y anticiparse a ellas antes de que se transformen en conflictos.

Pero ese desafío, hoy va aún más allá. La transformación digital, la inteligencia artificial, el gobierno abierto, la gestión basada en datos y las nuevas tecnologías están modificando profundamente la forma de administrar lo público. Gobernar un municipio en el siglo XXI exige una formación continua, interdisciplinaria y con visión de futuro, capaz de integrar el conocimiento jurídico con las herramientas tecnológicas que permitan construir administraciones más eficientes, transparentes e innovadoras. Porque difícilmente podamos fortalecer nuestras instituciones si quienes las conducen no cuentan con las competencias necesarias para comprender tanto las debilidades estructurales de sus organizaciones como las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para transformarlas.

(*) Abogada, ex Juez de Faltas Municipal,  ex Asesora Legal en Cámara de Diputados (Nación Argentina), ex Asesora Legal en Cámara de Diputados de (Chaco), Funcionaria instructora de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (Chaco) y Docente de la Tec.  Sup. en Administración y Gestión del Sistema Educativo, EPGS N° 12 (materia: Sistema de Control de Gestión y Auditorías en el Sector Público). Diplomada en “Derecho y Gestión Municipal” UM, Diplomada en “Gobierno Municipal y Justicia de Faltas” UCASAL.

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