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La Familia y el Municipio como bases de nuestro Federalismo. Entrevista a Pablo María Garat

La Familia y el Municipio como bases de nuestro Federalismo. Entrevista a Pablo María Garat

Introducción:

En un contexto global y nacional donde las urgencias de la coyuntura suelen postergar las discusiones de fondo, CIVILIDAD dialogó con el Dr. Pablo María Garat, destacado especialista en derecho público, constitucionalismo municipal y ex Director durante muchos años de Civilidad. El motivo que impulsó este encuentro fue la necesidad de desentrañar las causas profundas de la actual crisis institucional argentina, marcada por el centralismo político, la desvitalización de los lazos locales y el fenómeno del desarraigo. A lo largo de esta entrevista, el Dr. Garat propone una mirada estructural para recuperar la arquitectura de nuestra república federal, advirtiendo que es imposible trazar políticas de Estado eficientes sin situar a la familia y al municipio autónomo como los núcleos naturales y antropológicos de toda organización política.

CIVILIDAD: Para comenzar, Dr. Garat, ¿por qué considera que es imposible debatir políticas de Estado sin definir primero una concepción del hombre?

Pablo María Garat: Es imposible el debate acerca de la definición y acuerdo sobre las políticas de Estado que deben orientar la obra de Gobierno en el mediano y largo plazo sin una concepción del hombre desde la cual partir. Nosotros partimos del hombre como ser creado, libre, social y político por naturaleza; el hombre que marcha hacia su fin trascendente a través de la vida social y mediante el ejercicio de libertades concretas.

CIVILIDAD: Usted habla de «libertades concretas» y del «hombre con raíces». ¿A qué se refiere exactamente con estos conceptos?

Pablo María Garat: Se trata de las libertades concretas del hombre situado: en su familia, en su municipio, en su provincia, en su comunidad política nacional. También el hombre situado en el orden económico: en su trabajo, su empresa, su gremio. El hombre situado de tal manera se encuentra vinculado por la tradición a una cultura, que se manifiesta en concreto desde el medio en que nace hasta la proyección de su Patria en lo universal. Es el hombre con raíces. Son libertades para alcanzar sus fines inmediatos: formar una familia, educar sus hijos, acceder a la propiedad, al trabajo y al capital que le permitan su desarrollo y participar de la vida cívico-política con aquella perspectiva trascendente.

CIVILIDAD: En este esquema, ¿qué rol juegan la familia y el municipio?

Pablo María Garat: Creemos que lo primero es respetar la naturaleza: el hombre necesita ejercer sus libertades concretas en los ámbitos propios: la familia, primera comunidad social, el municipio como familia de familias y la economía local y regional como escenario natural para el desarrollo del trabajo humano y la formación de un capital productivo para la difusión y el acceso a la propiedad.

CIVILIDAD: Usted menciona que las dirigencias no surgen de la nada. ¿Cómo se vincula el arraigo local con la formación de nuevos líderes?

Pablo María Garat: Las élites o dirigencias con auténtica vocación de servicio que la sociedad requiere no surgen espontáneamente. Son consecuencia de un largo proceso educativo y formativo de base familiar y social en el arraigo local, que puede culminar en la Universidad pero requiere de aquellos ámbitos educativos fundamentales. Un verdadero dirigente es un hombre con raíces, sentido de pertenencia y compromiso con la vida cívica de la comunidad en la que se ha desarrollado.

CIVILIDAD: Al mirar la realidad argentina actual, ¿cuál es su diagnóstico sobre las instituciones y los valores que nos sostienen?

Pablo María Garat: El problema de las instituciones que sostienen a una comunidad política es un problema educativo y cultural; hace a las costumbres y convicciones que una sociedad constituida como tal no discute. Me refiero a la familia como sujeto de políticas de Estado, el régimen municipal como base federal, la administración pública como servicio, el cumplimiento de la ley justa, la propiedad como motor económico y la moral como límite de las conductas. Sin consenso práctico sobre todo ello no hay sociedad posible.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, tales valores se encuentran sometidos a una prueba constante. El hombre es hoy un ser condicionado y atacado; la sociedad en la que debe convivir está enferma porque el hombre está enfermo y porque a su vez lo enferma, en un círculo vicioso que se agrava.

CIVILIDAD: ¿Cuáles son los síntomas más visibles de esa «sociedad enferma» que describe?
Pablo María Garat: La sociedad padece de centralismo político, concentración económica, individualismo, ruptura del tejido social, masificación en grandes urbes y despoblamiento del interior. Hay una pérdida del arraigo, desvitalización de la vida municipal y regional, y una alienación por la influencia de los medios y la «sociedad de la información». Se habla permanentemente de derechos humanos, pero el hombre desarraigado y manipulado carece de sus derechos más elementales. Lo más grave es que, ante este cuadro admitido por todos, se sigue privilegiando lo urgente sobre lo importante, atacando los efectos y no las causas.

CIVILIDAD: ¿Cuál sería entonces la clave para afrontar este panorama?

Pablo María Garat: La clave consiste primero en respetar la naturaleza de las cosas. El hombre necesita ejercer sus libertades concretas en la familia y el municipio como familia de familias. La familia y el municipio constituyen el escenario para la recuperación del hombre como ser libre y trascendente y para la promoción de un auténtico orden social al servicio del Bien Común. Pero también deben constituirse en el vivero natural de una nueva dirigencia movida por el ejercicio de la autoridad y el poder como servicio.

CIVILIDAD: ¿Por qué considera que el «arraigo» es un valor estratégico para la Argentina del siglo XXI?
Pablo María Garat: El arraigo es un valor existencial absolutamente estratégico porque la población arraigada y bien distribuida constituye el primer requisito para la integridad territorial de una Nación. De otro modo, los lazos de la sangre y de la tierra se desvanecen. La familia arraigada es educadora, generadora de trabajo y formadora de dirigencias desde cada municipio, incluso en los barrios de las grandes urbes. Fortalecer el municipio y promover el desarrollo local permite reintegrar socialmente a los excluidos por los vientos de la globalización.

CIVILIDAD: Frente a la crisis, ¿qué opciones prácticas vislumbra para la acción política?
Pablo María Garat: Existen dos opciones: la solución «asistencialista» a ultranza, que actúa solo sobre los efectos, o bien promover una conciencia cívica que ordene las políticas de Estado como políticas para la familia y apoye una transformación integral de los municipios operando sobre las causas. Esto implica la recuperación de la familia y el municipio como bases de la república federal.

CIVILIDAD: ¿Cómo se aplica el conceptode federalismo en esta propuesta?

Pablo María Garat: El federalismo es aplicación constante del principio de subsidiariedad: como respeto de la libertad del nivel más pequeño y como acción solidaria cuando ese nivel no puede ejercer sus facultades. Es unidad en la diversidad. El desafío es alcanzar la justicia social con equidad regional y pleno respeto de las autonomías locales para que desde los municipios se fortalezcan las provincias, consoliden las regiones y con ello se alcance y asegure la vigencia de nuestro régimen federal.

CIVILIDAD: ¿Existe un respaldo jurídico en nuestra Constitución para este proyecto de recuperación?

Pablo María Garat: Sí, un conjunto de normas constitucionales muy precisas da el marco jurídico. La “protección integral de la familia” del artículo 14 bis y el régimen de autonomía municipal del artículo 123, en particular, constituyen las bases históricas para el desarrollo federal. Tenemos un programa constitucional para el desarrollo federal que no hace falta discutir sino realizar. Si en los orígenes de la organización constitucional se afirmó que “gobernar es poblar”, hoy debemos decir que gobernar es poblar promoviendo la familia, los vínculos vecinales, el arraigo y el trabajo, atendiendo especialmente a lo que propone y establece el artículo 75 inciso 19 de nuestra Constitución, como cláusula del desarrollo humano y federal. Se trata de proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio. En la base de este programa se encuentra el futuro de la familia y del municipio como fundamentos de nuestro federalismo. Atender esto no es solo una urgencia; es el asunto más importante que debiera ocuparnos.

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